papanicolau

La prueba de Papanicolau, más conocida como citología vaginal, es una de las pruebas más frecuentemente empleada para detectar la presencia de cualquier cambio anormal en las células del cuello del útero o cambios anormales de éste.  Con ella, se extraen y se examinan muestras de células del cérvix (el extremo inferior del útero). Dicha muestra es colocada en una placa de vidrio y es enviada al laboratorio para que sea examinada en un microscopio por el patólogo.

La finalidad de la citología es averiguar si existen alteraciones, siendo la prueba más frecuentemente empleada para la detección del cáncer de cuello uterino. Este test detecta el 95% de cánceres cervicales en un estado en el que todavía no se ven a simple vista. Además, algunas de las células extraídas pueden examinarse para detectar la presencia del Virus del Papiloma Humano (VPH), factor de riesgo para el cáncer de cuello uterino.

¿Quién debe realizarse la prueba de Papanicolau?

De forma general, se recomienda que las mujeres mayores de 20 años se realicen una vez al año dicho examen. Sin embargo, existen ciertas excepciones, pues el test es también aconsejado para mujeres menores de 20 años que lleven una vida sexual activa. Asimismo, mujeres que lleven tomando anticonceptivos orales durante varios años también deberían realizarse la prueba de Papanicolau al menos una vez al año.

Lo ideal es consultar con el ginecólogo la frecuencia de dicha prueba en función de los factores de riesgo personales, pues existen casos en los que sería recomendable más frecuentemente, como ante la presencia de VIH, por haber tenido alguna enfermedad cervical o resultados positivos en la prueba en otra ocasión.

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El procedimiento

Antes de llevar a cabo la prueba de Papanicolau, es necesario tener en cuenta ciertas consideraciones. Para que los resultados sean lo más precisos posible, se recomienda no tener relaciones sexuales dos o tres días antes de realizarla. No se recomienda el uso de tampones, espumas anticonceptivas, lavados, cremas y medicamentos vaginales durante los dos o tres días anteriores al test. Otra de las recomendaciones es realizarla después del periodo menstrual.

Generalmente, el test es realizado en un consultorio médico por un ginecólogo. Sin embargo, en otras ocasiones también puede ser llevado a cabo por otros profesionales de la salud, entre los que se encuentran auxiliares médicos y enfermeros practicantes.

La prueba solamente dura unos pocos minutos. Puede ser algo incómoda, pero generalmente no es dolorosa. A menudo, suele ser menos molesta si se intentan relajar los músculos vaginales durante la prueba y si se realizan respiraciones profundas.

Inicialmente, el profesional de atención médica que realiza un examen introducirá en la vagina un instrumento que puede ser de metal o de plástico denominado espéculo, con la finalidad de separar las paredes vaginales. Después, utilizará un hisopo de algodón, una espátula o un cepillo cervical para raspar suavemente células de dos lugares del cuello uterino: la ectocérvix (parte más cercana a la vagina) y la endocérvix (se encuentra junto al cuerpo del útero). Probablemente, se puede sentir una sensación de estiramiento o presión ante la extracción de las células.

Si la prueba de Papanicolau muestra células anómalas, el médico puede sugerir una o más pruebas adicionales para realizar un diagnóstico. Sin embargo, se debe tener en cuenta que aunque la prueba es una buena herramienta para la detección, existen ocasiones en las que pueden existir células anormales pero no ser detectadas. Es por ello que deben realizarse exámenes regulares.

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